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25/Ago/2020

Un estudio encabezado por médicos del hospital universitario alemán Schleswig-Holstein (UKSH) ha demostrado el efecto provocado por la intolerancia alimentaria en el intestino: la inflamación del mismo.

La investigación, publicada en la revista de la Asociación Norteamericana de Gastroenterología, realizó pruebas utilizando una novedosa herramienta de endoscopia con imágenes. Esta permite analizar en tiempo real los cambios que se producen en la mucosa intestinal tras la ingestión de alimentos (la endomicroscopía láser confocal o CLE por sus siglas en inglés).

Los científicos pusieron en marcha este análisis tras sospechar que enfermos diagnosticados de colon irritable que no mejoraban podían padecer algún tipo de intolerancia alimentaria.

Para ello se seleccionaron 36 pacientes que, pese a su calificación de colon irritable, presentaban pruebas negativas.  De hecho, no se había podido identificar una causa estructural o bioquímica de sus síntomas, con  gastroscopia y colonoscopia sin resultados positivos. Además, sus sintomatología, principalmente estreñimiento, empeoraban tras las comidas.

También se constató la ausencia de alergias alimentarias (mediante análisis de sangre IgE y también estudios cutáneos) y se descartó que dichas personas padecieran depresión o ansiedad o que hubieran tenido una infección previa reciente que pudiera ser el origen de su situación.

Cómo se realizó la prueba

Para realizar el estudio a estos pacientes se les dieron cuatro alimentos: leche de vaca, trigo, levadura y soja. Otras 10 personas que no presentaban síntomas se utilizaron como grupo de control.

Cada antígeno alimentario se disolvió en agua esterilizada y fueron liberados directamente sobre la mucosa del duodeno a través de un endoscopio. Así, a los 5 minutos de haber ingerido uno de los alimentos se realizó una endomicroscopia.

Los resultados demostraron en un número importante de pacientes la inflamación del intestino. Se produjo un aumento de la presencia de linfocitos y eosinófilos, así como la pérdida de la continuidad epitelial, es decir, un aumento de la permeabilidad intestinal.

Como consecuencia de estas pruebas, se decidió retirar durante varios meses el consumo de los alimentos que provocaron dicha alteración. El resultado fue una mejora significativa de la situación clínica del paciente, cuyo seguimiento se realizó durante un año. En las personas del grupo de control la ingesta de los alimentos no generó ninguna alteración a nivel del intestino.

Lymphocytes visualized by (A) CLE and (B) immunocytochemistry against CD3

Por tanto, este estudio pone de manifiesto la respuesta inmunitaria no alérgica frente a determinados alimentos. Y que dicha reacción está asociada a un fenómeno inflamatorio y a la permeabilidad intestinal.

El doctor José María Mesa, de Consultas Histal, señala que “si se mantiene la toma de aquellos alimentos, por falta de diagnóstico, se mantendrá la respuesta inmune anómala. Es imprescindible llegar a determinar si existe una intolerancia alimentaria. Y qué alimento o alimentos concretamente son la causa, mediante pruebas específicas. De lo contrario, la situación del paciente continuará y se agravará con el tiempo”.

 

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Estrés, intestino e intolerancias alimentarias


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13/Ago/2020

 

A los pacientes con intolerancias alimentarias en muchas ocasiones se les asegura que el origen de su afección es un problema emocional, y más concretamente, el estrés. Esto no es así.

Por eso los tratamientos con ansiolíticos y antidepresivos no surten un efecto apreciable sobre esta dolencia intestinal. No obstante, sí es cierto que el estrés puede provocar un deterioro en quien padece una intolerancia alimentaria.

Y es que el estrés no es el origen, pero sí un importante factor para la evolución de esta dolencia por su impacto sobre la situación del intestino y los niveles de histamina en todo el cuerpo, explica el doctor José María Mesa.

Es un enemigo a tener en cuenta. En este sentido, señala que las razones médicas en las que se basa esta asociación son tres:

1. Aumento de la liberación de histamina

La histamina es una molécula que está presente en todos los tejidos del cuerpo y que es una de las  responsables de los síntomas en las intolerancias alimentarias. 

¿Cómo se produce este incremento? La histamina se origina a partir de la histidina en condiciones normales. Pero existen dos excepciones: en el ejercicio intenso y el estrés. En ambas situaciones el organismo aumenta su producción y, en ambos casos, la síntesis de histamina se produce a partir de L-carnosina. Por tanto, a más histamina, más síntomas.

estrés dolor estómago cabeza

2. El estrés repercute sobre la flora intestinal alterándola

El estrés repercute sobre la flora intestinal alterándola. Y es que se produce una modificación de la flora intestinal debida al efecto que produce el CRF (precursor de los corticoides) sobre las células de la pared intestinal (los enterocitos), de manera que disminuye la absorción de hierro.

Como consecuencia, existe más hierro en el medio intestinal que es aprovechado por determinadas bacterias (siderófilas) para crecer con mayor facilidad frente a otras. Una flora alterada repercute en la absorción de nutrientes y en el funcionamiento del sistema inmune del intestino.

Además, es frecuente la presencia de anemia ferropénica en este tipo de pacientes.

3. Se acelera el deterioro de la pared intestinal

En situaciones de estrés o alteraciones del estado de ánimo, se produce la liberación de distintos mediadores como mecanismo de respuesta; entre ellos corticoides y  sus precursores, adrenalina, noradrenalina, hormona del crecimiento, histamina, sustancia P, sustancia Y, etc.

El nervio vago y más concretamente el sistema nervioso entérico aferente (SNEA) sirve de comunicación entre el sistema nervioso central y la pared intestinal.

estrés stress conexión cerebro intestino

En estos pacientes existe una mayor población de linfocitos y mastocitos alrededor de este nervio de conexión, el SNEA. El aumento de sustancia P a dicho nivel provoca, al actuar sobre el receptor NK1 de los mastocitos, la liberación de distintos mediadores: carboxipeptidasa, heparán sulfato, triptasa… e histamina.

Por tanto, en la propia pared intestinal se produce liberación de histamina de origen no inmunológico, sino emocional.

Además, la triptasa liberada produce la ruptura de los puentes de disulfuro que unen las células intestinales entre sí. Como consecuencia se abren estas uniones y aparece la permeabilidad intestinal.

Es decir, que como la barrera de la pared del intestino es débil por ella se ‘cuelan’ elementos extraños, partículas de proteínas de todo tipo de alimentos que de otra forma no pasarían. Así, se favorece la entrada de los antígenos alimentarios y bacterianos como el lipopolisacárido bacteriano. Son elementos ‘extraños’ para el sistema inmune, que los ‘ataca’.

Por tanto, el estrés y las intolerancias alimentarias están conectados

Porque el estrés provoca un mayor deterioro en un paciente ya de por sí deteriorado, como lo es quien padece intolerancias alimentarias durante mucho tiempo. Aunque no sea la causa responsable de su enfermedad, es un factor a tener muy en cuenta una vez que el paciente está enfermo.

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28/Jul/2020

La lactosa es el azúcar principal presente en cualquier leche, desde la materna a la de oveja o de cualquier otro mamífero, e incluso en las desnatadas. Se necesita de una enzima llamada lactasa para descomponer este hidrato de carbono en dos moléculas sencillas, la glucosa y la galactosa, para que puedan ser absorbidas. Por tanto, el déficit de esta enzima es la que genera la intolerancia a la lactosa.

Ahora se sabe que las células que recubren el intestino delgado (llamadas enterocitos) son las responsables de producir la lactasa. En la mayoría de mamíferos la lactasa se deja de producir tras el destete. Pero en su evolución el ser humano desarrolló la capacidad de mantenerla activa, lo que le dio una ventaja competitiva ayudándole a sobrevivir en entornos hostiles.

En los europeos la producción de lactasa se conserva durante toda la vida y va disminuyendo con la edad, de forma que en adultos puede comenzar a ‘sentarnos mal’ la leche.

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Síntomas

Esta dolencia no es algo nuevo. En el siglo V antes de Cristo Hipócrates, el griego considerado como el padre de la Medicina, ya describió síntomas intestinales de personas a las que les sentaba mal tomar leche o quesos.

La mala digestión de la lactosa provoca que el nivel de este azúcar sea elevado en el intestino delgado, atrayendo agua. Esto favorece las diarreas o en ocasiones el estreñimiento. Además, cuando la leche llega al colon las bacterias que existen en el intestino grueso hacen fermentar la lactosa produciendo gases, originando flatulencias y distensión abdominal.

Los síntomas los notaremos entre 30 minutos y 2 horas después de haber ingerido lácteos. La cantidad que debe tomar para presentar síntomas cambia en cada paciente en función del volumen de lactasa que todavía produzca.

Los síntomas son los mismos que describió Hipócrates hace más de 2.000 años:

      • Diarrea
      • Gases
      • Hinchazón abdominal
      • Fatiga y en ocasiones vómitos

dolor estomago intestino leche intolerancia

Causas de la intolerancia a la lactosa

Existen personas que tras la infancia dejan de producir esta enzima por una cuestión genética. Y quien nace con la imposibilidad de producir lactasa debido a una mutación en el gen LCT, una enfermedad considerada rara.

Sin embargo, la mayoría de los pacientes no tienen problemas genéticos. El origen de la alteración en la producción de enzimas tiene que ver con el funcionamiento del intestino, explica el doctor José María Mesa. Los factores desencadenantes pueden ser variados: una intervención intestinal, una enfermedad cuyo tratamiento haya afectado a la función intestinal, una dolencia crónica como el Crohn… 

De hecho, sólo un 5% de las personas con síntomas tienen únicamente una intolerancia a la lactosa por un déficit de lactasa, señala Mesa. El 95% restante sigue teniendo problemas.

“La razón es que la lactosa es la punta del iceberg, estos pacientes presentan intolerancias a más alimentos, y éstas a su vez perjudican la producción de las enzimas”. Por tanto, el enfermo no mejora en absoluto o mejora sólo temporalmente cuando se les trata por déficit enzimático.

Y es que las intolerancias no se producen sólo a los hidratos de carbono como la lactosa, sino también a las proteínas. Y la de la leche es una de las más frecuentes. Por eso “requieren un estudio en profundidad para realizar un diagnóstico correcto”, explica.

leche lácteos intolerancia alimentaria histaminosis

¿Qué es la intolerancia a la proteína de la leche?

En concreto, hay pacientes que desarrollan intolerancia a las proteínas de distintos alimentos debido a una respuesta inmune incorrecta de las células que componen la superficie de absorción del intestino (enterocitos). Estas identifican erróneamente las proteínas presentes en la luz intestinal y las califican como un agente extraño al que hay que atacar.

La señal de alarma desencadena la liberación de histamina y con ella un fenómeno inflamatorio. Con él se imposibilita la producción de algunas de las enzimas necesarias para degradar los alimentos, en este caso, la producción de lactasa.

Dado que el paciente no suele identificar el el alimento que le perjudica, sigue comiéndolo. Por tanto, como consecuencia de sucesivas inflamaciones se produce un aumento de la permeabilidad intestinal. La unión entre las células que componen la pared del intestino se debilita. Y la fragilidad de esta barrera facilita la entrada de proteínas sin digerir que se ‘cuelen’ dentro del organismo.

Recuperación posible

El sistema inmune no reconoce estas partículas, ya que nunca debieron entrar, y emite la orden para atacarlas. Así,se genera una nueva reacción inmune dentro de la pared intestinal y del torrente sanguíneo con la liberación de histaminas y un mayor fenómeno inflamatorio.

Un proceso de alerta y defensa en el que se crea un círculo vicioso que conduce a un deterioro continuado de la salud del paciente, que comienza a presentar nuevos síntomas que ya nada tienen que ver con el aparato digestivo.

Es muy común tener intolerancia a la proteína de la leche, así como a la del trigo, entre otras. La sintomatología es más amplia y se produce entre 24 y 72 horas de haber ingerido el alimento. Un correcto abordaje puede llegar a recuperar la funcionalidad del intestino por completo.

Test de intolerancia a la lactosa

El médico diagnosticará una intolerancia a la lactosa tras un examen físico, complementado con la conversación con el paciente y pruebas.

La intolerancia a la lactosa se comprueba con un test de hidrógeno espirado. Es una prueba sencilla e indolora. Se basa en que la fermentación de la lactosa libera hidrógeno –entre otros gases– y éste sube por el tubo digestivo, por lo que se puede detectar en el aliento.

Se realiza simplemente soplando en un aparato específico dotado con un sensor. Para ello, el paciente debe ingerir en condiciones controladas un cierto volumen de lactosa. En las siguientes horas y a intervalos regulares, se va midiendo el nivel de hidrógeno que desprende su aliento.

Esta prueba no es sólo útil inicialmente, sino también tras haberse tratado las intolerancias a las proteínas de los alimentos y actuado para recuperar la pared intestinal.

Porque el paciente puede que continúe con el déficit de producción de lactosa, bien porque las células del epitelio del intestino (los enterocitos) no lleguen a funcionar adecuadamente o por una cuestión de edad. De ahí que haya que vigilar también este aspecto.

Además, son necesarias pruebas complementarias para conocer si tenemos una reacción adversa también ante otros alimentos.

Test Intolerancia a la proteína de la leche

Pero además, si se tienen sospechas de que puede haber intolerancia a la proteína de la leche o de otros alimentos, es necesario realizar una prueba específica para confirmarlo. Esta se realiza en laboratorio con una muestra de sangre extraída al paciente.

Con el test de intolerancia alimentaria se comprobará si existe una reacción del sistema inmune del enfermo a la proteína de la leche o de otros alimentos.

Tratamiento de la intolerancia a la lactosa 

Si únicamente se padece intolerancia al hidrato de carbono, el tratamiento pasa por limitar o eliminar los lácteos.

Además, se tratará de recuperar la función intestinal completa. Si esto no fuera posible –por cuestiones de edad, genética o por deterioro del intestino– la intolerancia será permanente.

Por lo tanto, en caso de que se mantenga un cierto nivel de producción de enzima  se podrá tolerar en alguna medida el consumo de lácteos. Pero de no generarse la enzima en absoluto, habrá que eliminarlos por completo de la dieta.

En ocasiones se pueden utilizar pastillas de lactasa como complemento, aunque su acción es muy limitada. Finalmente, el paciente también podrá ingerir alimentos libres de lactosa (leches y otros lácteos creados específicamente para este público).

Tratamiento de las intolerancias a proteínas

La primera medida es retirar la puesta en contacto con aquellos alimentos que provocan una reacción adversa. El doctor Mesa señala que “si el fenómeno inflamatorio se ha mantenido durante años se puede producir como complicación el sobrecrecimiento bacteriano (SIBO), aumento de la permeabilidad, otras intolerancias…  Nos encontraremos ante un problema que es de mayor envergadura. Éstas son complicaciones secundarias al fenómeno inflamatorio”.

El tratamiento se personaliza para adecuarlo a cada paciente. Se tiene en cuenta el número de alimentos que no pueda ingerir,  sus necesidades de nutrición y el momento de la evolución de la intolerancia alimentaria.

intolerancia a la leche

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Estrés e intolerancia alimentaria están conectados


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14/Jul/2020

La fructosa fue descubierta en la fruta, de donde viene su nombre (literalmente azúcar de la fruta, azúcar = osa, fruct = de fructus, fruto), aunque también está presente en la miel, verduras e incluso en el azúcar común. La intolerancia a la fructosa debido a su mala absorción es una dolencia muy extendida. De hecho, diversos estudios científicos señalan que la padece entre el 40 y el 60% de la población. Sin embargo, está infradiagnosticada porque, como ocurre con el resto de intolerancias alimentarias, origina síntomas comunes. 

Así, los pacientes con intolerancia a la fructosa habitualmente presentan síntomas como hinchazón abdominal, diarreas y gases o flatulencias, a los que pueden añadirse náuseas, vómitos y estreñimiento, además de cefaleas.  

Aquellos que tienen problemas con la fructosa también suelen tenerla al sorbitol, un potente endulzante bajo en calorías. Y es que ambos azúcares ‘compiten’ por las mismas proteínas para ser transportados dentro del organismo.

El tratamiento tiene que ser personalizado, dado que hay que reducir la ingesta de estos azúcares hasta un nivel en el cual no provoquen síntomas. Algo que dependerá del grado de sensibilidad del paciente. Determinar si se tiene esta intolerancia es sencillo, basta con una prueba sencilla de aire espirado que debe hacerse de forma controlada. 

Casi siempre que hay una mala absorción de la fructosa-sorbitol existe también un problema de histaminosis alimentaria hacia este hidrato de carbono. Por eso existen personas que son asintomáticas. Además, es común que el paciente presente también sensibilidad a otros alimentos. Por tanto, debe acudirse a un médico que conozca bien esta dolencia para estudiar la causa y tratarla.

hinchazón abdomen, gases, síntomas intolerancia fructosa

Intolerancia a la Fructosa Hereditaria y mala absorción

La intolerancia a la fructosa puede deberse a un defecto genético, una enfermedad hereditaria que afecta a 1 de cada 20.000 habitantes en España. Es, por tanto, una enfermedad calificada como rara, aunque no menos importante por eso. 

Quienes padecen intolerancia a la fructosa hereditaria sufren fundamentalmente de un funcionamiento deficiente de la enzima Adolasa B, la encargada de degradar la fructosa. Y como consecuencia, ésta no puede ser transportada al interior del organismo total o parcialmente. Aunque el problema es más complejo. Para diagnosticarla es necesario realizar pruebas genéticas.

Se trata de una dolencia muy distinta a la intolerancia por mala absorción. Esta última está relacionada con un mal funcionamiento del intestino, que provoca déficits en el mecanismo de transporte de la fructosa y el sorbitol.

¿Qué es la fructosa?

La fructosa es un tipo de azúcar simple, un monosacárido, que está presente en gran concentración en las frutas y la miel, y en menor medida en las verduras. De hecho, se la considera como el azúcar más dulce, aunque no tiene un gran poder saciante. Forma parte incluso del azúcar común, la sacarosa, que se descompone en glucosa y fructosa a partes iguales. 

La industria alimentaria descubrió su poder endulzante y desde finales de los años 60  se fabrica el llamado jarabe de maíz con alta concentración en fructosa (high fructose corn syrup, HFCS) para incorporarlo en zumos y  bebidas azucaradas, así como a alimentos procesados. 

 

frutas fructosa intolerancia alimentaria

En España un estudio publicado en la revista Nutrients ha constatado que contienen azúcares añadidos el 100% de los refrescos azucarados, y el 96% de las bebidas isotónicas, cereales de desayuno y barritas de cereales, entre otros. Y los azúcares añadidos más usados son la sacarosa (que se descompone en fructosa y glucosa), la dextrosa, el jarabe de glucosa-fructosa, el caramelo y la miel (con un alto contenido en fructosa). Por eso, en muchas ocasiones, nuestra dieta tiene un exceso de fructosa. 

Mecanismo de absorción y transporte

La fructosa se absorbe en el intestino delgado, fundamentalmente en la parte final del duodeno e inicial del yeyuno. Tiene la misma composición que su ‘hermana’ la glucosa, aunque presenta una estructura distinta.

Ambas utilizan mecanismos diferentes de atravesar la barrera de la membrana intestinal para incorporarse al torrente sanguíneo. Este es el por qué, si se tiene una intolerancia a la fructosa, se puede seguir consumiendo glucosa. 

Así, la glucosa utiliza los transportadores ligados al sodio SGLT (sodiumglucose transporters) y de diversas proteínas transmembranales GLUT para atravesar la pared intestinal en un proceso que necesita emplear energía para ello. 

Para la fructosa, tras ser degradada por la Adolasa B, se utiliza un transportador intestinal específico, el GLUT5, y una proteína común con la glucosa, el GLUT2. Una activación deficiente de este proceso puede dar lugar a la malabsorción. 

La presencia de esta última molécula (GLUT2) explica por qué cuando se ingieren a la vez glucosa y fructosa esta última se tolera mejor, dado que la activación del mecanismo de transporte de una favorece el de la otra. De ahí la importancia de una dieta personalizada.

En cuanto a su entrada al interior del organismo se realiza por ósmosis, sin necesidad de utilizar energía adicional para ello (mecanismo de difusión pasiva)

¿Cuáles son los síntomas?

Una  incompleta absorción de la fructosa suele acelerar el tránsito intestinal, reduciendo el tiempo de absorción de nutrientes y de líquidos, lo que puede generar problemas. En el intestino delgado se absorbe el 80% de los líquidos y más tarde, en el colon, se les termina de extraer el agua. 

La malabsorción hace que las heces lleguen al intestino grueso con más líquido de lo debido (el llamado ‘efecto osmótico’). Además, las bacterias y levaduras de la flora del colon (microbioma) actúan sobre la fructosa fermentándola y generando como consecuencia alcohol y gases. 

Además, los problemas de absorción inflaman el intestino provocando la liberación de histamina, que potencia los síntomas y genera otros como las cefaleas. Como consecuencia de todo ello la persona siente:

    • hinchazón y distensión abdominal
    • se produce diarrea, ‘meteorismo’ o deposición ‘explosiva’
    • flatulencias

Y en menor medida

    • náuseas
    • dolores de cabeza
    • estreñimiento

¿Cómo es la prueba de intolerancia a la fructosa?

El test de intolerancia a la fructosa es una prueba diagnóstica diseñada para detectar esta anomalía. Habitualmente se utiliza el test de hidrógeno espirado, un proceso sencillo similar a una prueba de alcoholemia común.  

Para la prueba se debe ingerir una sobrecarga de fructosa de forma controlada con el fin de medir la presencia de hidrógeno en el aliento. Esta medida se obtiene cuando el paciente espira (sopla) sobre un dispositivo específico dotado con un sensor de hidrógeno. El proceso se repite varias veces en intervalos de 2 ó 3 horas, hasta obtener una curva.

curva test de hidrógeno espirado

Preparación, qué puedo sentir durante la prueba

La prueba es sencilla y no invasiva. El paciente debe evitar tomar laxantes y una serie de alimentos durante las 24 horas previas a la prueba. Entre otros, debe evitar alimentos integrales, legumbres, hortalizas, verduras o frutas, así como refrescos o embutidos elaborados, azúcar o edulcorantes. 

Se trata de un procedimiento indoloro. Eso sí, al haberse ingerido una cantidad significativa de fructosa, puede generar molestias posteriores propias de esta dolencia como hinchazón abdominal, diarreas, etc. Por ello, se hace un seguimiento del paciente.


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24/Jun/2020

Cualquier alimento puede disparar una intolerancia alimentaria. Hay tantas posibilidades como viandas, por tanto. Tan sólo tiene que ser una parte habitual de la dieta del enfermo, dado que la sensibilidad se genera por un contacto moderado aunque habitual con el nutriente. ¿Sabes cuáles son las intolerancias alimentarias más comunes?

El mal funcionamiento del sistema digestivo provoca dos cosas: que no se logren descomponer algunos nutrientes, que quedan sin absorber, y que otros, una vez entran en las paredes intestinales, provoquen una reacción adversa hacia la proteína del alimento.

¿Qué pasa entonces? Pues que el sistema inmune se pone en marcha y lanza una señal de alerta aumentando el nivel de histamina en el cuerpo y esta provoca numerosos síntomas, como migrañas, hinchazón abdominal, dolores y contracturas musculares; piel seca, cansancio injustificado y problemas de sueño, entre otros.

En España seguimos una más que saludable dieta Mediterránea, calificada como mejor dieta del mundo entre otros por el ranking que realiza el US News & World Report en el que se destaca la variedad de alimentos, así como la abundancia de frutas, verduras y de grasas beneficiosas que contiene, que son la clave de la mayor longevidad de los países que habitan a orillas del Mediterráneo.

Existen dos alimentos  básicos que forman parte de la misma y que son comunes a la mayoría de quienes padecen intolerancias alimentarias: la leche y el trigo.

Intolerancias al trigo y la leche

¿Por qué el pan?

De hecho, la intolerancia al trigo se ha incrementado exponencialmente con los años. En la actualidad el 60% de los pacientes que tienen alguna sensibilidad alimentaria la presentan a este cereal, pese a que cada vez se consume menos. La consecuencia es que hay que eliminarlo por completo de la dieta.

Este aumento de la sensibilidad al trigo se relaciona con el rápido procesado de muchos de los panes industriales de hoy, que usan masas poco fermentadas y con numerosos aditivos. Esto impide una adecuada digestión de las proteínas de las harinas.

En los panes tradicionales las proteínas comienzan a romperse mientras el pan ‘reposa’ entre ocho y 24 horas. En los de fermentación rápida, la digestión se hace casi por entero en nuestro tubo digestivo, que recordemos que está dañado. Y esto acarrea consecuencias, según explicó en el congreso de la Sociedad Andaluza para el Estudio de Intolerancias Alimentarias (Saeia) el experto Félix López Elorza.

Por tanto los llamados panes de panificación lenta y masa madre son los que nos ayudarán a prevenir una intolerancia al trigo. Pero si ya la tienes, hay que eliminar por completo el trigo y otros cereales de la dieta, siempre asesorados por un experto para mantener una alimentación equilibrada.

Sí, de repente el enfermo se convierte en una persona con sensibilidad al gluten no celíaca. Y es que el trigo es muy similar a otros cereales y hay que eliminarlos todos.  La buena noticia es que será por tiempo limitado y que podremos volver a comerlo, siempre que hagamos las cosas bien.

Leche, presente hasta en medicinas

Además, es habitual que no seamos intolerantes a un alimento aislado, sino a varios a la vez. Todo debido al mal funcionamiento del intestino provocado por causas diferentes (uso de antibióticos, estrés, etc.). En este sentido, los médicos del Grupo Histal han constatado que el 90% de quienes desarrollan una intolerancia lo hacen a la proteína de la leche.

Este alimento básico se suele ingerir a diario. Pero además está presente en muchos platos y en alimentos que no sospecharíamos que la tuvieran. Y es que la lactosa es un potentísimo conservante. Por eso se lleva empleando en innumerables alimentos, especialmente en los envasados y en embutidos. Y hasta como agente agregante en la elaboración de fármacos.

La combinación de histaminosis a la leche y el trigo está, por tanto, muy extendida. Más allá de las evidencias científicas existentes, su prevalencia se puede comprobar con una simple búsqueda en Google sobre recetas sin estos dos ingredientes. Y es que hay portales de cocina que incluso le dedican un apartado.

Ante la sospecha de tener histaminosis alimentaria no alérgica, acude al especialista. Dada la variedad de alimentos existentes en la actualidad, un test es la clave para confirmar el diagnóstico y conocer específicamente a qué alimentos estamos reaccionando. En Grupo Histal comenzamos a estudiar las intolerancias alimentarias en los años 70. Y todo ese conocimiento es el que aplicamos.

Será en 2006 cuando se descubra que el mecanismo que producía las reacciones y los síntomas es la liberación de histamina, que hasta entonces únicamente se había relacionado con la reacción alérgica. De ahí que se le denomine histaminosis no alérgica.

Leche y trigo son las intolerancias alimentarias más comunes.. ¿son las tuyas?


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10/Jun/2020

Una persona puede tener una intolerancia alimentaria sin conocerlo. Es una dolencia extendida, aunque pasa desapercibida habitualmente en sus primeros estadios, encubierta por una sintomatología que comparte con otros problemas. Pero finalmente se hace oír. Y es que mina la salud poco a poco, hasta que el enfermo comienza a buscar respuestas y las encuentra. 

Los síntomas característicos de las intolerancias alimentarias son muy comunes, de ahí que sea difícil diagnosticarla y se trate como enfermedades con sintomatología parecida como, por ejemplo, el colon irritable. 

No obstante, el organismo nos da pistas de que estamos consumiendo alimentos en perfecto estado que, pese a todo, no nos sientan bien. Y que pueden ser tan habituales en nuestra mesa como el pan, la leche o la fruta, además de carnes o pescados. 

Son síntomas habituales de la intolerancia alimentaria las diarreas, estreñimiento y abombamiento del abdomen, las cefaleas, las urticarias, las dermatitis, así como dolor articular, sequedad en la piel o cansancio crónico, entre otras. También se asocia a ella la infertilidad o los abortos de repetición y con la pérdida de memoria y la dificultad para concentrarse. 

Con el tiempo, estos síntomas, que en un principio aparecen aislados, pueden acumularse. Aunque no todos se dan en el mismo paciente. 

Por tanto, tienes alguno o varios de estos síntomas y sospechas que pueden estar relacionados con tu alimentación, acude a un facultativo. 

La razón de que se den tantas manifestaciones sintomatológicas y tan diversas es que la histamina está presente en prácticamente todos los tejidos del cuerpo. Es una molécula que actúa como hormona y como neurotransmisor. Interviene sobre el funcionamiento gastrointestinal, está implicada en la respuesta inmune y también actúa, por ejemplo, en la regulación del sueño. De ahí que dé lugar a distintas manifestaciones.

¿Qué es una intolerancia alimentaria?

Por el contrario a lo que se pueda pensar, no se trata de que nos hayamos dado un atracón y el cuerpo se sobresaltare de ello, sino que la intolerancia aparece pese a que hagamos un consumo racional del alimento. 

La también llamada histaminosis alimentaria no alérgica es la reacción adversa del cuerpo ante la ingesta de un alimento. Se define como “la pérdida de la salud por el consumo de alimentos en buen estado”. 

Y es que, cuando la proteína del alimento entra en el organismo a través del intestino, el sistema inmune la identifica como peligrosa y actúa generando histaminas, una señal de alerta. A su vez, el aumento del nivel de histaminas en el cuerpo es lo que genera los síntomas, que en cada paciente pueden ser distintos.

Su origen está en un mal funcionamiento del tubo digestivo y elementos como el estrés lo acentúan. Y no hay que confundirla con una alergia

¿Por qué no es solución una dieta baja en histaminas?

Se trata de un proceso que se produce en el interior del organismo como una reacción que desencadena la liberación de histamina interna.

Por tanto, no se trata de que dejemos de consumir alimentos con elevada histamina como por ejemplo bebida alcohólicas, soja, fresas, pepinillos en vinagre o beicon, etc. No tiene nada que ver y no avanzaremos. 

La única solución pasa por una dieta en la que se retira el alimento, que es lo que provoca el aumento de la histamina y los síntomas que nos incapacitan.

¿Cómo saber entonces si tengo una intolerancia alimentaria? Para ello, es necesario un análisis fiable. Y después establecer una dieta adecuada para sustituir dichas viandas por otras que no generen reacciones. Porque dejar de comer una serie de alimentos no quiere decir que no podamos tener en nuestra mesa un menú completo, lleno de nutrientes, y más que sabroso.

¿Qué es un test de intolerancia alimentaria?

La intolerancia alimentaria se cura con el ayuno. Pero no de todo, sólo de aquellos alimentos que nos perjudican. Y que, con el tiempo, si lo hacemos bien, podremos volver a comer. 

Para determinar las proteínas que nos afectan hay que hacer un test. Es una analítica de sangre en la que se mide la liberación de esta molécula ante distintos alimentos. Un test inmunológico. En Consultas Histal lo realizamos en las instalaciones de Lab Sur

Este análisis es personalizable, en función de la dieta del paciente. Además, tras cuatro décadas de estudio, se ha establecido un conjunto de alimentos de consumo habitual en la dieta mediterránea que generan sensibilidad en un elevado número de pacientes, como la leche o el pan, por lo que se cuenta con una batería básica a la que se le pueden añadir nuevos elementos. 


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Consultas Histal es un centro especializado en el diagnóstico y tratamiento de las intolerancias alimentarias.
Dolores de cabeza, diarreas o estreñimiento pueden estar causados por la reacción frente a un alimento. Abordamos esta patología con rigor científico y 20 años de experiencia y estudios.

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